Gandalf visita Hobbiton
Gandalf no había sido visto en Hobbiton desde hacía ya cierto tiempo: desde la desaparición de Bilbo sus visitas se habían vuelto menos frecuentes y más secretas.
Gandalf se acerca a la Ciudad Guardada
Al cabo de algún tiempo de la cabalgata, la luz del día creció en el cielo, y Pippin, ahora despierto, miró alrededor.
La Morada de un Hobbit
En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.
Smaug
Allí yacía un enorme dragón aureorrojizo, que dormía profundamente; de las fauces y narices le salía un ronquido, e hilachas de humo, pero los fuegos eran apenas unas brasas llameantes.
Ungoliante y Melkor
Ella habitó en una profunda grieta de las montañas y tomó la monstruosa forma de araña, succionando toda la luz que pudo encontrar, o la derramada sobre los muros de Valinor, y la hiló transformándola en telas negras de asfixiante oscuridad, hasta que no llegó ninguna luz a su refugio, y se sintió hambrienta.
John Howe
Ilustrar las obras de J.R.R. Tolkien significa decidir sobre lo que es mejor no ilustrar, prefiriendo lo que requiere sombras densas, o distancia, o la oblicua luz de noviembre.
Gandalg y el Balrog
Hubo un sonido de metales que se entrechocaban y una estocada de fuego blanco. El Balrog cayó de espaldas y la hoja le saltó de la mano en pedazos fundidos. El mago vaciló en el puente, dio un paso atrás, y luego se irguió otra vez, inmóvil.